Hola...
Es extraño volver a decirlo. Desde mi cumpleaños que no hablamos... Desde el 7 de Septiembre no sé de ti, nunca obtengo una respuesta cuando quiero saber aunque sea como estás. De a poco aprendí a ignorarlo.
Voy a suponer que esto lo estoy escribiendo solo para ti, que lo leerás. No espero una respuesta. Solo me conforma que lo leas, hipotéticamente.
Quiero darte las gracias. Si, las gracias. Por haber hecho lo que nadie logró en 1 año exactamente. Porque apareciste cuando realmente ya no esperaba nada.
Agradecerte por todos los lindos momentos, aunque pocos, fueron más de lo que yo esperaba. Eres todo un caballero, y jamás dejarás de serlo. Por las llamadas telefónicas, las esperadas y las inesperadas. Por las cosas que sentí en la panza cada vez que veía tu foto en la pantalla de mi Blackberry. Siempre me sorprendías, era una de las cosas que más me gustaba de ti. Por todo lo que fue, pudo y no pudo ser. Por lo que podría haber sido. Te disfruté mientras me duraste. Suena extraño decirlo. Gracias por haber estado.
Tu sentido del humor tan simple, pero tan genial a la vez. El ser desinhibido por la vida. La disfrutas y eso me gusta. Tu sonrisa, tan sincera. Cuando hablábamos por teléfono podía sentir cuando lo hacías. Era tan genial.
Cada vez que me ayudaste en algo, por lo más mínimo que fuera. Fuiste mi amigo.
La música, esa que nos unió como me dijiste en una carta. Gracias por haberme dedicado "Como un sueño" aunque sé que no es para mi, y nunca lo será. En esos momentos si significó y valió la pena. Tenerte ahí esa noche significaba tantas cosas, y la verdad es que no me cabía más felicidad y amor en el pecho. Aunque las canciones resultaran un desastre, estuviste ahí. Y ese abrazo cuando bajamos del escenario y la cosa más chistosa que me dijiste jamás las olvidaré. Aún en los momentos tiernos eras chistoso.
Permitirme conocer a tu familia, que como muchas veces te dije, son un sol. Sobre todo tu hermosa madre. Aún recuerdo la primera vez que hablé con ella por teléfono. Era un manojo de nervios. Cuando la vi en persona por primera y única vez, sentí que la conocía de la vida entera. Tiene un gran hijo.
¿Recuerdas la flor que me regalaste ese 14 de febrero? Aunque no lo creas, aún la conservo. Mientras recuerdo ese momento levanto la vista y la veo aquí, en mi escritorio. Ya está seca y no tiene el aroma que tenía cuando me la diste, pero el recuerdo está latente.
Que te preocuparas por mi. Créeme que cuando desperté de la operación de nariz y ver el mensaje de Bita diciendo que me habías twitteado me hizo sentir mucho mejor. Fue un lindísimo detalle.
Tus abrazos, tus ojos, y todo lo que proviniera de eso. Tu aroma es increíble. Tus abrazos los mejores. Tan sinceros y tan únicos. Los extraño a veces.
Cada vez que me sentía mal o sola escuchaba tus canciones. Me acompañaban. Ahora las tengo, solo están ahí. Escucharlas me hace mal, pero aún así no las puedo eliminar.
Por haber sido tanto, en tan poco tiempo. Sé que idealicé y más que demasiado. Pero me salvaste de la situación en la que estaba, no lo sabes, pero así fue. Gracias.
Sé que ahora estas feliz y me alegro mucho, porque mereces lo que vives. Repito, llegaste a mi vida cuando no lo esperaba y la llenaste de color. Hoy te extraño, como amigo.
No leerás esto jamás, o quizás si. Depende si me da la gana o no. Si por casualidad llegaras a hacerlo, hey, esto me pasa. Necesitaba desahogarme. Han sido siete largos meses, siete inviernos que de a poco pasaron a ser otoños. Me duele, me faltan los por qué, los cuándo, muchas respuestas.
Yo no podría dejar de quererte. Eso es imposible.
Que seas feliz.
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